Lazo

 Recibimos una invitación, su emisor nada más ni nada menos que la madre de mi madre, simplemente me niego a reconocerla como mi familiar, por ello que no me tomo la molestia de llamarla "". Una mujer presuntuosa, adinerada, astuta con gran poder sobrenatural, no hay justicia creo yo. Cruzamos los parques hasta su recinto, no nos sorprendió con su hospitalidad comedida, algo que odio admitir que admiro; sólo aún me seguía perturbando el hecho de que parte de su estirpe eran seres invisibles, que cuando se les apetecía se mostraban en su totalidad o se mostraban en una especie de humo en forma antropomorfa, me sorprendía a mí misma siquiera distinguirlos como personas.


- Personas de humo.

- Fantasmas, son fantasmas.

-Si lo fueran no volverían a tener su forma original, de carne y hueso.


Mis hermanos en su trivial disputa aligeraban la atmósfera de tensión que se desencadenaba en mi mente y estaba totalmente segura que la anfitriona podía apreciarlo, disfrutándolo, lo veía en sus ojos penetrantes aunque el resto de ella despedía un aura serena e inteligente ante los demás, yo sólo podía concentrarme en su astuta mirada, casi podía palpar su macabro plan que aún abstracto estaba esculpiéndose en su mente tan refinadamente a detalle. Una ventaja de que compartamos un pasado tan intimo es que conozca sus intenciones, si no la conociera me resultaría impredecible. Maquinando ideas de defensa y ella confabulando con su mano derecha telepáticamente, intercambiando sonrisas y miradas cómplices, daban un mal presagio que muy pronto experimentaré, sin duda tenía que marcharme, era la única salida sensata como medida de protección.


No podía dar un espectáculo y retirarme por dónde acababa de entrar. Mi orgullo, terrible defecto consciente que muchas veces me lleva a cometer actos poco cuerdos,  no me permitía exponerme como una cobarde, al menos fingir se me daba bien, me tomé como reto engañar a su percepción en una par de segundos y salí de mi trance conspiranoico.


-Todo luce intacto como mi último recuerdo de esta casa. 


-Algo que compartimos es la nostalgia, incluso conservo con tal dicha el árbol que sembró tu padre.-con tono condescendiente se ganaba el respaldo de mi familia.


-Recuerdo que sus frutos eran famosos por la vil mentira del alimento de la inmortalidad. Iré a visitar al viejo árbol.


La figura de una niña me acompañaba, era la pequeña Daris. Aunque me incomodaba su sola presencia, agradecía que estuviera conmigo justo ahora. El manto de estrellas hacía menos lúgubre el lugar que en algún momento era mi paraíso, días de verano jugando en el exuberante jardín se disipaban con la vista contrastada de su estado actual.


-Esa bruja.






Comentarios

Entradas populares